Las caricias en psicología y psicoterapia. Consulta de Sara Garzarán en Las Rozas Madrid

Caricias que dejan huella

Mañana mismo es 14 de febrero y como cada año los medios de comunicación y nuestro entorno más próximo nos recuerdan que llega San Valentín, patrón de los enamorados. Los comercios nos invaden de ideas y promociones para agasajar a nuestras parejas a través de regalos y así demostrarles lo mucho que les queremos. Hay quienes se muestran desinteresados ante la idea de celebrarlo y otros muchos que optan por hacer algo especial que les recuerde el amor que sienten hacia sus parejas. Cualquiera de las opciones está bien, no hay reglas de cómo vivir o celebrar el amor. Siéntete libre, guíate por tu corazón, pues que mejor día para hacerlo! 😉

El motivo de esta entrada es hacer una pequeña invitación a la reflexión. Un regalo es sin duda un tipo de caricia. Sin embargo, en muchas ocasiones obviamos que la mayoría de ellas, las verdaderamente autenticas, nos son regaladas a diario; pequeños y grandes gestos que pasan habitualmente inadvertidos.

¿Qué tal has dormido?

Coge el paraguas, que hoy llueve…

Un beso

Te recojo y te invito a merendar

Te quiero

Una caricia

¿Hay algo que pueda hacer por ti?

Tengo ganas de verte

¿Quieres un abrazo?

Cogerte de la mano

Te he echado de menos

¿Y tú? ¿Reconoces alguna de estas caricias en tu vida?

Las palabras y los gestos amorosos son los regalos que menos cuestan y lo que más huella dejan.  Te animo a tomar conciencia de ellos para que puedas sentirte reconocid@ y amad@ por tu compañer@ de viaje sin necesidad de recrearte en los bienes materiales.

Feliz día del amor

Sara

 

 

Propósitos de año nuevo alcanzables, personales y realistas

Honestos y amables propósitos para el año nuevo

Esta noche despedimos el año y resulta casi inevitable hacer balance. Puede haber sido un buen año lleno de logros personales y profesionales; un año fugaz, casi inadvertido; un año en el que los momentos duros y complicados hayan sido los protagonistas, o una mezcla de buenos y malos momentos. Sea como fuere, tendemos a afrontar el fin de año como el cierre de una etapa y el comienzo de otra, como una nueva oportunidad para concentrar todas nuestras energías en alcanzar nuevos propósitos que esperamos nos hagan sentir más felices.

Te propongo una tarea. Escribe tus propósitos para el nuevo año. Puedes escribir tantos como desees. Cuando sientas que ya has escrito todo lo que desearías alcanzar, deja el bolígrafo encima de la mesa y hazte las siguientes preguntas parándote a pensar unos segundos en cada una de ellas.

  • ¿Te suenan esos propósitos? ¿Son propósitos que ya deseabas el año anterior, o quizás incluso años antes?
  • ¿A través de estos propósitos estoy luchando en contra de mi propia naturaleza, mis tendencias, mi forma de ser/relacionarme… para convertirme en algo que no soy?
  • Tal cual los planteo, ¿estoy siendo duro/a, tajante y exigente conmigo mismo/a?
  • ¿Los he planteado pensando en mí y en lo que yo necesito, o pensando en los demás y en lo que esperan de mí?
  • ¿Realmente son esos propósitos los que deseo conseguir en este nuevo año?

Me gustaría darte unas claves para que esos nuevos propósitos se conviertan en motivaciones y en autenticas y sinceras propuestas de cambio.

Formula propósitos que sean ajustados y alcanzables. Si los propósitos son muy ambiciosos, nos vamos a sentir abrumados y frustrados en cuanto percibamos las dificultades. Sin son ajustados y los percibimos como alcanzables, nos vamos a sentir más motivados. Una vez alcanzados podrá plantearte nuevos objetivos que te permitan superarte.

Piensa en ti y en lo que tú necesitas. La sociedad nos impone unos ideales, e incluso en ocasiones nuestro entorno más próximo espera de nosotros algo que no somos. Satisfacer esos deseos hace que luchemos por alcanzar algo que en muchas ocasiones no sólo no es bueno para nosotros, sino que ni siquiera deseamos. Que tus propósitos sean realmente tuyos, te motivará y te conectará con tus objetivos, pues estarás trabajando para alcanzar lo que verdaderamente deseas para ti.

Los propósitos han de adaptarse a ti y no tú a ellos. No te lo pongas más difícil, llévalos a tu terreno y proponte alcanzarlos de una manera amena y adaptada a tus preferencias. Si tu propósito por ejemplo es Cuidar tu salud haciendo deporte, escoge aquel que sientas que te va a hacer pasar un buen rato y disfrutar mientras inviertes tiempo y esfuerzo en alcanzar tu propósito.

No te quedes en la superficie de tus propósitos, ve más allá. No te dejes llevar por los propósitos estándares: Viajar más, hacer deporte, adelgazar… Piensa el para qué de los propósitos que te plantees, qué implican para ti y qué deseas conseguir con ellos, e intenta que en la esencia de todos ellos este alguno de estos: el cuidarte más, el tenerte más en cuenta, el vivir más conectado con el momento presente, el disfrutar, el crecer, el conocerte más…

Escríbelos lo más concretamente posible. Vivir una vida más sana y cuidarme es un propósito positivo pero muy amplio. Si los escribes de forma vaga, te parecerán que eso que estás haciendo es insignificante para tu propósito o ni siguiera te darás cuenta de que los estas alcanzando.

Formúlalos con un lenguaje amable. No los escribas de forma imperativa, pues los sentirás como imposiciones y autoexigencias que conseguirán todo lo contrario, desalentarte en cuanto experimentes cualquier frustración. La clave está en sentir que detrás de ellos está el deseo de alcanzarlos y no el deber.

Limita tus propósitos y céntrate en ellos para alcanzarlos. Que tus propósitos no se conviertan una lista interminable de cosas que no te gustan de ti y que te gustaría cambiar. Sé honesto, acéptate y no quieras convertirte en algo que no eres. Invierte únicamente tu energía en aquello que realmente creas que es bueno para ti y te hace bien. Cuanto más limites tus propósitos, más te podrás centrar en cada uno de ellos. Piensa además en los pasos o tareas que te permitirán alcanzarlos.

Ahora es el momento de tachar o reformular aquellos que no te encajen o sientas que, pensándolo mejor, no encajan con lo que tú necesitas.

Tu y yo sabemos que no es necesario comenzar un nuevo año para incorporar cambios que sintamos que nos van a hacer más felices. Cualquier día es bueno para hacerlo, no es necesario que sea lunes o 1 de enero, ¿para qué esperar a caminar en el sentido en el que deseamos si podemos empezar ya mismo?

Es importante recordar que alcanzar un propósito implica esfuerzo, tiempo y responsabilidad. No todo es disfrute y satisfacción. La motivación es mucho más alta al comienzo, quizás en algún momento experimentes desaliento y desees tirar la toalla, pero si el propósito está bien planteado (es un propósito auténtico, honesto, ajustado y amable) sólo necesitarás confianza en ti para alcanzarlo. No abandones si por alguna razón te despistas de tu propósito durante un tiempo, a menos que sientas que realmente no era bueno para ti. Retoma tu objetivo, invirtiendo tu energía en aquello que deseas lograr, date el tiempo que necesites, sé paciente contigo mismo y ten confianza.

Mis mejores deseos para este año que comienzas, que puedas embarcarte con energía en todos aquellos propósitos que te plantees. Confío en que serás capaz de alcanzarlos. Feliz y próspero año 2018.

Sara